No os dejéis engañar por el título de esta entrada del blog.
Aunque parece que hace referencia al aprendizaje del Holandés en el fondo es un
post que trata sobre promesas incumplidas. Probablemente os preguntaréis de que
estoy hablando así que para explicarlo vamos a viajar en el tiempo al pasado.
La primera etapa de nuestro viaje es Helsinki, Finlandia.
1 de Agosto de 2010. Antes de comenzar mi erasmus en
Helsinki, conseguí una beca para hacer un curso intensivo de Finlandés durante
todo el mes de Agosto. Durante ese mes descubrí que en esta vida existen más de
5 vocales, que una palabra puede tener hasta 3 parejas de letras repetidas y
que el lenguaje élfico que Tolkien afirmaba haber inventado no es más que una
copia descarada de este idioma incomprensible. Vayamos ahora a la segunda etapa
de nuestro viaje
Comienzos de Septiembre de 2012. Al comenzar el master en
Copenhague me apunto a los cursos gratuitos de danés que ofertaba la
universidad. Si la experiencia con el finlandés había sido dura, el danés lo
supero con creces pues a pesar de que el finlandes era incomprensible resultaba
bastante asequible de pronunciar para los hispanohablantes. Pero el danes…eso
es una historia muy diferente. Para pronunciarlo medianamente bien tienes que
clavarte un hueso de pollo en el esófago, meterte una pelota de golf en un
carrillo y en ese momento intentar hablar. Por supuesto con su correspondiente
set de 200 vocales raras con palitos, circulitos y puntitos adornándolas cuan
árboles de navidad baratos.
Al mes y medio desistí hundido y me hice la siguiente
promesa al más puro estilo Scarlet O´Hara: “A Dios pongo por testigo que el
siguiente idioma que aprenda va a ser italiano, portugués o como mucho francés”
Efectivamente, como habéis podido deducir esta es la promesa
incumplida ya que desde el 3 de Junio voy a una academia 3 horas al día a
aprender holandés…ya os iré contando que tal…
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