Creo que a todo español (y probablemente cualquier persona) le ataca el
patriotismo y el amor a su cultura cuando está en el extranjero. Esto lleva al
españolito de turno a lanzarse, sin ningún tipo de cohibición o vergüenza, a
bailar la primera en cuanto suenan unas sevillanas, a cocinar una paella a
pesar de que su experiencia en los fogones no pasa del huevo frito y similares.
Yo no soy una excepción a este fenómeno como atestiguan mi primera tortilla que
parecía un crepe o mi primera paella que era un revuelto de arroz con cosas.
Por eso no es tan sorprendente que haya ido a mi primer concierto de
flamenco aquí en Holanda en lugar de un tablao andaluz. Y ni siquiera fui por
iniciativa propia sino por un amigo de M. qué sin ser español, es un apasionado
del flamenco y del castizo y multicultural (irónico eh) barrio de Lavapiés en
Madrid.
Así que la semana pasada fuimos a un concierto de Pepe Habichuela, con la
colaboración de Kike Morente (hijo). Siendo un lego en la materia no puedo
juzgar con justicia la actuación, pero si puedo decir que a mí me gustó
bastante y siempre es agradable asistir a un espectáculo de folklore español
fuera de nuestras fronteras.
Pero lo más notable de la velada vino después, en el tren de vuelta a
Utrecht. Íbamos hablando con una chica italiana que habíamos conocido ese mismo
día. Es física y es víctima de ese desastre económico-demográfico-social que
sufren los países del sur de Europa con la emigración de sus jóvenes talentos
hacia pastos más verdes. Comentábamos el desastre que es España, los recortes
en educación y cultura, como los físicos acaban reconvertidos en consultores de banca
etc… De repente me di cuenta que la chica del otro lado del pasillo nos
observaba sin ningún tipo de disimulo como solo podría hacer un español (pensé
en ese momento) Efectivamente, al rato sacó un portátil y empezó a trabajar en
un documento que tenía el escudo de España en el encabezamiento. Y es que el
español es capaz de reconocer a un compatriota a 500m de distancia.
Ya casi llegando a Utrecht entablamos conversación con la chica (no me
acuerdo bien como) y nos dice que ella podría haber estado en la conversación
perfectamente, que era física y estaba pidiendo una beca Ramón y Cajal(el documento con el que estaba trabajando era el formulario de solicitud), que
había estudiado en Berkeley, París, Berlín… y que aun así no tenía ningún tipo
de oportunidad. En resumen, una escena digna de la película “Perdiendo el
Norte”
Desde este humilde blog aprovecho para mandar ánimos a todos aquellos
jóvenes que, como yo, han tenido que viajar más allá de sus fronteras en busca
de la oportunidad que su país no les brinda.