martes, 31 de enero de 2017

(Des)cultura española

Creo que a todo español (y probablemente cualquier persona) le ataca el patriotismo y el amor a su cultura cuando está en el extranjero. Esto lleva al españolito de turno a lanzarse, sin ningún tipo de cohibición o vergüenza, a bailar la primera en cuanto suenan unas sevillanas, a cocinar una paella a pesar de que su experiencia en los fogones no pasa del huevo frito y similares. Yo no soy una excepción a este fenómeno como atestiguan mi primera tortilla que parecía un crepe o mi primera paella que era un revuelto de arroz con cosas.

Por eso no es tan sorprendente que haya ido a mi primer concierto de flamenco aquí en Holanda en lugar de un tablao andaluz. Y ni siquiera fui por iniciativa propia sino por un amigo de M. qué sin ser español, es un apasionado del flamenco y del castizo y multicultural (irónico eh) barrio de Lavapiés en Madrid.

Así que la semana pasada fuimos a un concierto de Pepe Habichuela, con la colaboración de Kike Morente (hijo). Siendo un lego en la materia no puedo juzgar con justicia la actuación, pero si puedo decir que a mí me gustó bastante y siempre es agradable asistir a un espectáculo de folklore español fuera de nuestras fronteras.

Pero lo más notable de la velada vino después, en el tren de vuelta a Utrecht. Íbamos hablando con una chica italiana que habíamos conocido ese mismo día. Es física y es víctima de ese desastre económico-demográfico-social que sufren los países del sur de Europa con la emigración de sus jóvenes talentos hacia pastos más verdes. Comentábamos el desastre que es España, los recortes en educación y cultura, como los físicos acaban reconvertidos en consultores de banca etc… De repente me di cuenta que la chica del otro lado del pasillo nos observaba sin ningún tipo de disimulo como solo podría hacer un español (pensé en ese momento) Efectivamente, al rato sacó un portátil y empezó a trabajar en un documento que tenía el escudo de España en el encabezamiento. Y es que el español es capaz de reconocer a un compatriota a 500m de distancia.

Ya casi llegando a Utrecht entablamos conversación con la chica (no me acuerdo bien como) y nos dice que ella podría haber estado en la conversación perfectamente, que era física y estaba pidiendo una beca Ramón y Cajal(el documento con el que estaba trabajando era el formulario de solicitud), que había estudiado en Berkeley, París, Berlín… y que aun así no tenía ningún tipo de oportunidad. En resumen, una escena digna de la película “Perdiendo el Norte”

Desde este humilde blog aprovecho para mandar ánimos a todos aquellos jóvenes que, como yo, han tenido que viajar más allá de sus fronteras en busca de la oportunidad que su país no les brinda.



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