Y por fin llegamos a Utrecht y con ello a nuestro ¿querido? hogar.
Dicen que las primeras impresiones son tremendamente importantes en lo que va a
ser una experiencia posterior. Sinceramente espero que toda esta gente esté
equivocada porque esta es la entrada al complejo donde se encuentra nuestra
casa.
Muchos diréis que qué es lo grave del asunto. Probablemente
los que preguntéis esto no halláis estado nunca en Auswitchz donde los recién
capturados se encontraban con este letrero que dice algo así como “El trabajo
os hará libres”. Como podéis comprobar la similitud es perturbadora.
Este es el exterior
de nuestro edificio donde se encuentra nuestro apartamento. El apartamento no
es gran cosa, de hecho es lo contrario a gran cosa, ya colgaré fotos en algún
momento. Un dormitorio y un recibidor/cocina/comedor/salón al cual hemos tenido
que cambiar la distribución porque parecía que los muebles los había colocado
un ciego. Lo peor de esta cocina no es su nevera de medio metro, ni sus fuegos
de juguete. Lo peor es un intenso olor a comida asiática que inunda los
armarios. Al abrirlos la primera vez fue como volar de nuevo a esa caseta de
obra de Qatar donde comían 20 indios. La sensación os la podéis imaginar. M.
sostiene que el anterior inquilino es un chino, yo no lo tengo tan claro pero cuando abramos el buzón
lo descubriremos.
Y como colofón a esta entrada del blog les voy a presentar a la estrella de nuestra casa!!! Podéis observarlo en la imagen siguiente (la misma que la primera) rodeado en rojo. Como ni M. ni yo habíamos tenido suficiente con los cantos de mezquita a las 5
de la mañana, tenemos un reloj que da las campanadas todas las horas y medias
horas del día. Justo enfrente de nuestra ventana, a lo sumo 15 metros sin
ningún tipo de obstáculo entre medias. El descanso está asegurado.



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