Ayer,
tras una larga espera y lucha con la burocracia holandesa tanto M. como yo
conseguimos nuestro BSN, el equivalente al número de la Seguridad Social. Seguramente
no entenderéis por que justifica una entrada del blog. Eso es por que no vivís
en Holanda ni habéis tenido que conseguir uno vosotros mismos.
A
diferencia de España donde el numero de la seguridad social es una simple
combinación de dígitos, en Holanda el BSN transciende esta “numeralidad” para transformarse
en un concepto mucho más etéreo y singular. Sin este número no eres nada en
Holanda. Estoy seguro que en estos lares el paso a la vida adulta no está
marcado por cumplir los 18 años, sino por el día en que consigues tu BSN.
Me
puedo imaginar perfectamente al pequeño Thijs, 15 años, rubio como un querubín,
con la pubertad haciendo estragos, manteniendo “La Charla” con su padre. O a la
espigada Sophie entrando a su casa con un sobre en la mano diciendo con voz
temblorosa a su madre “Mama, me ha llegado el BSN” y a su orgullosa progenitora
abrazándole mientras le dice “Ya eres toda una mujer”
¿Y
por qué todo este escándalo por un simple número? Sin este número no puedes
abrir una cuenta de banco, sin una cuenta de banco no te pueden pagar el
salario, sin un salario no puedes pagar un piso, para poder alquilar un piso
tienes que tener un trabajo, pero no puedes tener un trabajo sino tienes BSN! Conocéis
la canción de Sabina “Circulos Viciosos”, pues os hacéis una idea.
Nosotros
hemos tardado un mes en conseguirlo, por supuesto se han retrasado en la
entrega y si a día de hoy lo tenemos se debe a las técnicas de negociación de
M. adquiridas tras muchos años de experiencia lidiando con la burocracia
latinoamericana. Tras un dialogo intensos con la funcionaria de turno, un amago de irnos derrotados y un contraataque que habría dejado tumbado al funcionario porteño más veterano de toda la administración, nos vimos orgullosos poseedores de nuestro flamante BSN.
Ahora
ya somos parte del sistema...
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